Jueves, Mayo 23, 2013
   
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Aquí vivió...

Por Salvador De Maria y Campos.
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(Con la colaboración de Lucía Cueto)


 


La casa de la familia de Guty Cardenas. Con estilo Art Déco parecida a las otras tantas de la colonia Roma en su época

Corría diciembre del año 1931. La casa marcada con el número 265 de la Avenida Monterrey, en la esquina con la 3ª. calle de Nayarit en la Colonia Roma Sur, era nueva y flamante. Aún los pisos de duela olían a barniz cuando sus nuevos moradores entraban por la puerta para afincarse de manera definitiva en el Distrito Federal. Los árboles incipientes apenas se atrevían en la acera de la apacible avenida que al fondo, en dirección sur,  topaba con el caudaloso Río de la Piedad.

La Colonia Roma Sur, nació para la clase media mexicana, esa que hacía remendar los zapatos y zurcir los agujeros de las rodillas de los pantalones de los niños que acudían a la escuela de paga.

Eran la Señora Doña Carmen Pinelo de Cárdenas y sus dos hijos quienes -entre tapetes, candiles franceses y tibores chinos que habían traído consigo de su natal Mérida Yucatán-, se acomodaban en la nueva casa.  La Sra. Cárdenas acostumbrada a las generosas alturas de las casas de Mérida, se las ingenió para que sus candiles y tibores lucieran dentro del espacio de esta más modesta casa de estilo Art Déco, parecida a las otras tantas que a ritmo veloz se alzaban en la nueva colonia.

Años antes, el hijo de la Sra. Cárdenas, Guty, había venido al Distrito Federal, enviado por su padre, un importante comerciante en Mérida, a completar sus estudios de contabilidad en el afamado colegio Williams, de la calle de Empresa Num. 8 en el vecino barrio de Mixcoac. Luego el joven Guty se fue a completar sus estudios a Nueva York donde lejos de continuar con la carrera de contable, la abandonó por la que era su verdadera vocación : la música.

No fue sino hasta a la muerte del esposo de la Sra. Cárdenas que los tres vinieron al Distrito Federal pues era esta la tierra donde el joven Guty perseguiría su carrera como compositor e intérprete. Pero la suerte de la familia fue poca : en abril de 1932, en una riña en la cantina Salón Bach, Guty se murió por el disparo del español Ángel Peláez Villa, natural de Posada de Llanes, Asturias, como se lee en el reporte policiaco de la Comisaría, la noche del 5 de abril.


Pionero cantante, guitarrista y compositor. En abril de 1932, en una riña en la cantina Salón Bach, Guty se murió por el disparo del español Ángel Peláez Villa

Años más tarde, el hermano de Guty contraería nupcias con una vecina de la Colonia Roma, Carmelita.  El nuevo matrimonio se fue a vivir a la misma casa de Monterrey 265. Dicen los que la conocieron que Carmelita siempre fue vieja. De esas viejitas cordiales y risueñas, atentas y afables que arrastran su carrito de ruedas al vecino mercado de Medellín; eso sí, siempre arreglada, polveada, con unas chapitas redondas de colorete y despidiendo un olor a perfume más bien barato. En su bolso, Carmelita siempre traía consigo un impermeable plástico que se plegaba hasta hacerse diminuto y se guardaba en una bolsita aún más pequeñita pero que le resultaba utilísimo para repeler el agua si acaso la lluvia le pillara en su ida al mercado o a la botica.

Carmelita tuvo dos hijos y enviudó joven. La Sra. Cárdenas, su suegra, murió también al poco tiempo de que Carmelita enviudara por lo que la heredera de la casa fue la misma Carmelita donde, con el dinero de su trabajo como mecanógrafa en unos laboratorios suecos, crió a sus hijos: Rosita, quien como su tío, se dedicó a la composición y Renán quien para salvarse de ser encarcelado en los disturbios del 68, fue enviado por su madre a Suecia de donde volvería luego casado con una güerota con quien tuviera dos hermosos hijos güeritos también.

De a poco la pátina que imprime la vida modesta del trabajo de una mujer mexicana fue recubriendo el esplendor de la casa : los canceles de madera se engrosaron a base de burdas capas de pintura de aceite y las baldosas de terrazo rojo fueron perdiendo brillo al paso del mechudo ennegrecido con esa mezcla de queroseno tan socorrida para la tarea de limpieza por aquellos tiempos. Como su suegra, Carmelita no tenía coche. Desde hacía años que la Señora Cárdenas rentaba la cochera a su vecino que vivía un poco más adelante sobre la calle de Nayarit, para que guardara su flamante Buick modelo 34; Carmelita siguió haciendo lo mismo, ayudándose al gasto con aquel pequeño ingreso extra.

Poco a poco fueron desapareciendo los candiles franceses, los tapetes, las esculturas y los tibores chinos cediendo su paso al mobiliario mexicano barato, característico de los años 40, ese tallado, pesado y oscuro,  que emulaba a los bargueños de la provincia española y donde los de más pretensiones, solicitaban se tallara un escudo heráldico aún y cuando no tuvieran título nobiliario alguno.

Han pasado los años, Carmelita siempre vieja, se hizo aún más vieja hasta que hace poco, una mañana, cuando salía de casa hacia el  mercado se topó fuera con puñado de gente acompañada de un mariachi todo vestido de blanco. A lo lejos la vecina de la calle de Nayarit, la hija de aquel señor a quien la Sra. Cárdenas –suegra de Carmelita-  hace años rentaba la cochera, distinguió entre el pequeño grupo al maestro y director de orquesta, Carlos Esteva. La vecina se metió a casa velozmente a ponerse su traje típico de yucateca (pues ella también es de esas tierras) y con las arracadas aún en las manos salió de prisa al encuentro de la comitiva. Develaban una placa “En esta casa vivió el compositor mexicano Guty Cárdenas”. La vecina recordó a su padre guardando su flamante Buick en la cochera de la que entonces era aún la casa de la Sra. Cárdenas.

El sol caía a plomo, Carmelita que ahora sí ya está vieja, se metió a casa a seguir con su costura y por breves momentos a su memoria acudieron las imágenes sepia de su marido, de su suegra y de su cuñado Guty, empuñando siempre su guitarra. La vecina en cambio invitó al maestro Esteva a un vaso de agua de limón en su casa, mismo que el maestro agradeció pues estaba sofocado de calor.

Al pasar por donde Carmelita leo la placa “En esta casa vivió el compositor mexicano Guty Cárdenas”. La Colonias Roma y Roma Sur, encierran un sinfín de historias, de celebridades como Guty Cárdenas y de personajes como Carmelita, que todavía más vieja, en su habitual caminata al mercado, arrastrando su carrito metálico de ruedas, me ve y me saluda, siempre gentil, con esa sonrisa de vieja joven de los años cuarenta aun y cuando los árboles de enfrente a su casa hace años que cedieron su lugar al caótico y ruidoso eje vial.

 

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