Crecer y contraer mancha urbana

Eduardo Farah

El valle de México está compuesto por 1 millón de hectáreas de las que originalmente 200 mil eran del lago, 400 mil de bosque y el resto pastos y humedales. Hoy, quedan ocho mil de lagos contaminados y 70 u 80 mil hectáreas de arbolado en buen estado, lo demás es área conurbada, abandonada o erosionada con algunos pequeños focos agrícolas y de pastoreo.

La población del Valle aumentó de 330 mil en 1900 a 21 millones actualmente, lo que desquició totalmente el plano original de la ciudad que creció de manera caótica por falta de visión de los gobernantes. Hoy la mancha urbana ocupa no solamente al ex lago de Texcoco y zonas aledañas, sino que crece imparable en las sierras que nos rodean (Sierra de las Cruces, Sierra Chichinautzin), y en el macizo volcánico. Basta con ver como se ha ido urbanizando hacia Cuernavaca, Querétaro, Puebla y Toluca, convirtiendo esta inmensa área en una conurbación llamada Zona Metropolitana.

El equilibrio ecológico consistía en grandes bosques, lagos, humedales y pasturas que conservaban el agua de lluvia que había generado un inmenso acuífero, el que está siendo abatido al secar el lago y por la construcción del corte de Xochilongo, del drenaje profundo y del oriente, que se construye actualmente. Al urbanizar el Valle no se puso un drenaje para captar el agua de lluvia, que actualmente escurre hacia la parte baja de la cuenca porque cada vez hay menos bosques que la retengan para infiltrarla al acuífero, debido a esto la tierra erosionada se va desertificando.

Mientras, se abate y agota el acuífero (el agua anteriormente se encontraba en la superficie, ahora la buscan a 450 metros) por la brutal extracción de 40 metros cúbicos por segundo desde hace más de un siglo. Lo anterior, ocasionó que la ciudad se hunda 20 metros, lo que afectó gravemente la red de agua potable como la red de drenaje, obligando a meter estaciones de bombeo, cambiar redes y traer agua de la cuenca del Cutzamala, lo que encarece tanto el agua potable como el drenaje. De continuar este caos se encarecerá o inclusive faltará el agua potable -como ya ocurre actualmente- y se afectarán más por el hundimiento los cimientos de la ciudad.

El clima era ideal cuando existía el lago que servía de termostato que no permitía los cambios bruscos de temperatura; era un cielo tan claro que se le llamó “la región más transparente”, en la que incluso se podía ver la vía láctea, aún en los cincuenta.

La propuesta para reconstruir el equilibrio en el Valle es reducir la mancha urbana a una tercera parte y en vez de casas mal construidas que cubren el Estado de México y parte del D.F. la construcción se debe concentrar en edificios entre parques, con lo que se liberarían dos terceras partes del área urbana para reconstituir el lago de Texcoco, humedales, bosques y áreas agrícolas.

Al centralizar la población, también se centralizarían los servicios de agua, drenaje, transporte, energía, etc., facilitando su acceso, al volverse intensivos y ya no extensivos como lo son actualmente. Esto se lograría si existiese un gobierno central confiable, que pudiese integrar el proyecto por encima de los intereses económicos, de los grupos caciquiles y viese por el bien común. Suena difícil pero no es imposible.