Granadas sufre la inundación

Elena Matamoros

La luz de alerta está encendida en Las Granadas, lo que especialistas y vecinos han venido advirtiendo a las diferentes dependencias y autoridades, ha comenzado a materializarse.

La falta de planeación, prevención y seguimiento se han convertido en las principales causas del caos en la zona, la cual enfrenta un grave problema al haber modificado dramáticamente su entorno y medio ambiente en tan solo unos cuantos años. Tala indiscriminada, escasas áreas verdes y permeables y la gran concentración de edificios y concreto, han dado como resultado una compleja infraestructura construida de forma desordenada y negligente, alterando y promoviendo el surgimiento de fenómenos naturales cada vez más intensos, inesperados y difíciles de afrontar.

Los tiempos de respuesta por parte de las autoridades ante una emergencia, son incalculables, los equipos insuficientes y el conocimiento limitado, el desorden los ha vuelto vulnerables e incapaces de ofrecer la atención más elemental.

Una muestra de este caos fue la intensa precipitación del pasado 28 de junio, la cual impacto sin distinción, provocando severos daños y pérdidas millonarias que enfrentaron casas, condóminos, comercios y oficinas.

La falta de desazolve en la red del drenaje fue la causa principal. Coladeras obstruidas por basura y grasas producidas por el comercio informal así como por tierra y residuos de concreto con modernos aditivos desechados sin control por el cartel inmobiliario, han dado como resultado tapones casi imposibles de destapar.

Ni baldés, ni bombas sumergibles, o la contratación de camiones vacktors particulares, fueron suficientes para enfrentar la contingencia. En casas, edificios y comercios, el agua penetro implacable, los estacionamientos filtraron cientos de litros de agua de loza en loza en cuestión de minutos, provocando graves cortos circuitos; contaminación del agua almacenada en las cisternas, daños en tarjetas y componentes en elevadores, los sistemas para la captación de aguas pluviales y los cárcamos se colapsaron y los sistemas hidroneumáticos sufrieron pérdidas totales.

La capacidad de respuesta por parte de los servicios de emergencia fue insuficiente, las líneas de atención se saturaron y así fue que los afectados quedaron totalmente vulnerables, sin luz, sin agua, cubiertos hasta por un metro de altura de aguas contaminadas, totalmente incomunicados e incapacitados para reaccionar ante este fenómeno.

Al día de hoy aún se pueden observar las huellas que dejo esta terrible precipitación, muchos de los daños siguen sin reparación, las pérdidas se siguen contabilizando y tratando de recuperar. Se instalaron sacos de arena en edificios y comercios, para tratar de contener y desviar otro posible impacto, algunos afectados decidieron por cuenta propia pagar un servicio privado de desazolve, sin embargo la solución deberá ser integral e implementada por las autoridades, garantizando la limpieza del drenaje, no solo en un tramo sino de forma general, revisando y asegurando que las condiciones sean óptimas y sancionando a las constructoras que hayan derramado concreto en las coladeras y exigiendo la reparación del daño.

Es el momento de reorientar el rumbo, de crear programas y estrategias que permitan ubicar y rescatar cuencos y vasos reguladores, elementos básicos que deben ser respetados.