Del 70 al 80% de la madera que se consume en México es de origen ilegal

Eduardo Farah

Se supone que la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA)  debe regular el tráfico de madera y evitar la tala ilegal, sin embargo, decomisa, según una investigación en La jornada, apenas son de 3 mil metros cúbicos por año, cuando la realidad es que la tala es de 14 millones de metros cúbicos. Estos datos muestran la total incompetencia, o peor, la colusión entre los dirigentes, funcionarios  e inspectores de esta institución.

Los bosques mexicanos han sido intensamente talados en su gran mayoría, incluyendo de manera más sutil parques y áreas protegidas. Las razones para devastar las áreas verdes son el desmonte para la siembra, el pastoreo, incendios con fines ganaderos y la venta de madera a granel.

Se calcula que de las selvas originales queda menos de un 10% y de los bosques templados de altura un 70% de su biomasa ya fue extraída, por ello existe un alto nivel de erosión en estas zonas, donde las pendientes contribuyen a remover el poco suelo orgánico que ahí se da. Basta decir que esta tala inmoderada ha generado inundaciones, porque el agua no se retiene ni se filtra, además de que van sacando los árboles de mayor tamaño, que cada vez son más raros en lo que queda de bosques mexicanos.

Hasta las zonas más cuidadas como son la Reserva de la mariposa monarca en Michoacán,  el Desierto de los leones en la Ciudad de México o la reserva de Sian Ka’an en Quintana Roo, son asediadas, invadidas y  enfrentan la tala hormiga.  Un ejemplo del desastre en la selva es como de dos millones doscientas mil hectáreas que tenía la selva Lacandona, solo quedan pristinas 150 mil en Montes Azules o como en los grandes bosques de la Sierra madre en Durango y Chihuahua sus árboles mayores fueron saqueados.

Reserva de Sian Ka’an

¿Se podrá revertir el daño? Quizá, pero implicaría un gobierno sumamente convencido e incorruptible, con un proyecto que recuperara estas áreas, que trabaje conjuntamente con los habitantes en el proceso de rehabilitación. Además, se debe considerar que es un trabajo a largo plazo, al menos 20 años son el tiempo mínimo requerido para que se notaran los resultados. Implicaría también la movilización de  voluntarios para plantar entre mil y dos mil millones de árboles endémicos y su cuidado tanto de incendios, pastoreo, etc. Además de procurarles el agua, al menos donde el suelo este muy seco a causa de la erosión o en época de estiaje para que los árboles logren con el tiempo buscar agua a profundidad.

También implicaría la rehabilitación de los sistemas pluviales, lo que regeneraría, no solamente los suelos, sino que los escurrimientos fueran de agua limpia, evitaría inundaciones y generaría la recarga de los agotados acuiferos. Es  un problema de seguridad nacional, está en juego el agua y la fertilidad, también sería una oportunidad para que la muy dañada fauna pudiera recuperarse, como ocurre con el puma, el jaguar, el oso, las águilas, búhos, aves tropicales, monos, manatís, etc. México se está convirtiendo en un espacio cada vez más erosionado y con un clima por falta de bosques y agua más extremo o desertificado.

Suena fácil, pero la realidad es que es una tarea titánica y se puede dudar que exista el conocimiento de la problemática y las consecuencias que tendrá para la población, así como la voluntad política de enfrentar la entendible problemática humana.

 

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