Desperdiciar alimentos contamina más de lo que imaginas

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación  (FAO) “Los alimentos no consumidos que terminan pudriéndose en los vertederos son un gran productor de metano, gas de efecto invernadero especialmente perjudicial.”

En 2013 la FAO realizó un estudio en el que revelaba que 1 300 millones de toneladas de alimentos  se desperdician anualmente y que no sólo provoca grandes pérdidas económicas (750 000 millones de dólares anuales), sino también un enorme daño e impacto en el agua, la tierra, el clima y la biodiversidad.

Además de la contaminación por desperdicio, recordemos la contaminación generada por el embalaje

El artículo “La huella del desperdicio de alimentos: impactos en los recursos naturales” fue el primer estudio que analizó los efectos del despilfarro alimentario a nivel mundial desde una perspectiva medioambiental, centrándose de forma específica en sus consecuencias para el clima, el uso del agua y el suelo y la biodiversidad.

En el estudio se llegó a las siguientes conclusiones:

  • Los alimentos que producimos pero luego no comemos consumen un volumen de agua equivalente al caudal anual del río  Volga (caudal medio de 8.000 m³/s).
  • Los alimentos desperdiciados agregan 3 300 millones de toneladas de gases de efecto invernadero a la atmósfera del planeta.

Además del impacto ambiental, las consecuencias económicas directas del desperdicio de comida (sin contar pescado y marisco) llegaban en ese momento a los 750,000 millones de dólares EEUU anuales. El estudio también menciona en dónde ocurre: 

El 54 por ciento de desperdicio de alimentos en el mundo se produce en las etapas iniciales de la producción, manipulación y almacenamiento post-cosecha. El 46 por ciento restante ocurre en las etapas de procesamiento, distribución y consumo de los alimentos.

 También destaca que los países en vías de desarrollo sufren más desperdicios durante la producción agrícola, mientras que el desperdicio a nivel de venta minorista y del consumidor tiende a ser mayor en las regiones de ingresos medios y altos -donde representa el 31-39 por ciento del desperdicio total- frente al 4-16 por ciento de las regiones de ingresos bajos.

Otro punto importante es que cuanto más tarde en llegar a su punto final mayores serán las consecuencias ambientales, ya que al coste inicial de producción hay que sumar los costes ambientales incurridos durante el procesado, transporte, almacenamiento y al cocinarlo.

En la actualidad:

Muchos de los puntos críticos del estudio no han cambiado en 6 años: 

El desperdicio de cereales en Asia continúa siendo un problema importante, debido a que tiene un gran impacto en las emisiones de carbono y el uso del agua y el suelo. El caso del arroz es particularmente notable, dadas sus altas emisiones de metano junto con un elevado nivel de desperdicio.

Otro factor de emisiones está en el sector cárnico, aunque el volumen de desperdicio de carne en el mundo es relativamente bajo, el sector cárnico genera un impacto considerable en el ambiente en términos de ocupación del suelo y la huella de carbono, especialmente en los países de ingresos elevados y Latinoamérica. Excluyendo Latinoamérica, las regiones de ingresos altos son responsables de cerca del 67 por ciento de todo el desperdicio de carne.

El desperdicio de fruta contribuye al despilfarro de agua en Asia, Europa y Latinoamérica. Del mismo modo, los grandes volúmenes de despilfarro de hortalizas en los países industrializados de Asia, Europa y el sur y sudeste de Asia ocasiona una gran huella de carbono.

Causas del desperdicio de alimentos y opciones para abordarlas

Según la FAO, los niveles más altos de desperdicio de alimentos que ocurren en las sociedades ricas derivan de una combinación del comportamiento de los consumidores y de falta de comunicación en la cadena de suministro: Los consumidores no planifican sus compras, compran en exceso, o reaccionan exageradamente a las fechas de caducidad y consumo preferente de los productos, mientras que las normas estéticas y de calidad llevan a los vendedores a rechazar grandes cantidades de alimentos perfectamente comestibles.

En los países en desarrollo el problema ocurre en la post-cosecha pues ocurre como consecuencia de las limitaciones financieras y estructurales en técnicas de recolección y en infraestructura de transporte y almacenamiento, junto a condiciones climáticas que favorecen el deterioro de los alimentos.

 ¿Qué se puede hacer para evitar las pérdidas y el desperdicio? 

En la industria representaría hacer un mayor esfuerzo para equilibrar la producción con la demanda, lo que significa no utilizar recursos naturales para producir alimentos que no sean necesarios.

En el caso de que haya excedente de alimentos, la reutilización dentro de la cadena alimentaria humana, la búsqueda de mercados secundarios o donarlos a los miembros vulnerables de la sociedad, representa la mejor opción. 

Si los alimentos no son aptos para el consumo humano, la siguiente mejor opción es desviarlos para alimentar al ganado. 

Cuando no es posible la reutilización, debe intentarse el reciclaje y la recuperación: el reciclaje de subproductos, la digestión anaeróbica, el compostaje y la incineración con recuperación de energía permiten recuperar energía y nutrientes de los residuos de alimentos.

 ¿Qué hacer a nivel personal?

  1. Planificar antes de comprar: debe pensarse en los menús previstos para unos días, revisar los ingredientes de los que ya se dispone y escribir una lista para los que se necesitan.
  2. Es fundamental conservar mantener los alimentos de acuerdo a las instrucciones que figuran en el envase para conservarlos en óptimas condiciones. Muchos se conservan a temperatura ambiente, pero una vez abiertos, necesitan refrigerarse. Hay que mantener la nevera en óptimas condiciones de uso y revisar de forma periódica su buen funcionamiento.
  3. Tras la compra, deben ponerse los productos más antiguos de la despensa y el refrigerador en la parte delantera, a la vista, y colocar detrás los nuevos.
  4. Es recomendable revisar el estado de los alimentos almacenados, sobre todo los que no están a la vista. 
  5. Las sobras pueden utilizarse en la comida siguiente, como ingrediente en una nueva preparación o congelarlas para otra ocasión, siempre que se respeten las necesarias condiciones de higiene.
  6. Los alimentos que se hayan cocinado y no se consuman pueden congelarse en porciones adecuadas para disponer de ellos más adelante.
  7. Separar los residuos domésticos según sus características (orgánicos, papel, vidrio) para su posterior tratamiento y reciclaje. Algunos restos de alimentos, como las frutas y verduras ya pasadas o sus peladuras, pueden convertirse en compost y utilizarse como abono para las plantas.
  8. No tirar desperdicios orgánicos por el fregadero.  La leche y el aceite son grandes contaminantes del agua, además un exceso de materia orgánica  en el agua mata ecosistemas pues aumenta la «Demanda Biológica de Oxígeno» (DBO), un índice que mide la cantidad necesaria de este gas para descomponer la materia. Además de consumirse oxígeno, se genera dióxido de carbono. Si la demanda es muy alta, no solo se produce mucho CO2, sino que el oxígeno no estará disponible para que lo utilicen otros organismos, plantas y animales.

REFERENCIAS

Pelayo Maite, 31 de mayo del 2012, Desperdiciar alimentos, un hábito contaminante. Consumer https://www.consumer.es/seguridad-alimentaria/desperdiciar-alimentos-un-habito-contaminante.html

S/A, 11 de septiembre del 2013, El desperdicio de alimentos daña al clima, el agua, la tierra y la biodiversidad. FAO http://www.fao.org/news/story/es/item/196368/icode/

Bruscas Manuel, 23 de septiembre del 2013, ¿Cuánto contamina la comida que se tira?, El País, https://elpais.com/elpais/2013/09/23/3500_millones/1379912400_137991.html 

Dele Femmine, Laura , 11 de junio del 2019, ¿Cómo saber si mi dieta contamina?, El País,

https://elpais.com/sociedad/2019/05/24/actualidad/1558654868_741250.html