El NAICM: carísimo, ecocida y mal situado

Eduardo Farah

El presidente Peña Nieto al inicio de su gobierno lanzó un proyecto de un nuevo aeropuerto, del que, una vez asimilada la información, surgieron grandes dudas.

• El costo que dice el gobierno es menor al costo real, y dado que la crisis económica profundiza no hay recursos propios para hacerlo será con más endeudamiento que puede hacer un grave daño a la economía del país.

• Construir sobre suelo fangoso del ex Lago de Texcoco es absurdo porque se requiere una estructura en el subsuelo más cara que la obra encima del nivel.

• Las 7 mil hectáreas del lago que aún quedan, de las doscientas mil originales, sirven de termostato, su destrucción afectaría la cuenca hidráulica del Valle de México de manera irremediable, y aumentará el efecto de desertificación y cambio climático.

• Toda la zona agrícola del nororiente del Valle de México que gira alrededor de Texcoco se urbanizaría, con lo que la plancha de concreto bloquearía la recarga del acuífero y la ciudad se ampliaría 30 millones de habitantes eventualmente.

• Actualmente especuladores compran miles de hectáreas, así como compañías chinas que pretenden hacer un gigantesco centro comercial que sea su base de penetración al continente norteamericano, con lo que se acabaría la industria mexicana, la que se volvería subsidiaria china.

• Destruirá comunidades y pueblos ancestrales que funcionan gracias a una agricultura local, la que tanto urge en este país, que importa un 40% de su grano.

Todos los aeropuertos nuevos en el mundo se construyen desde los años 60, lejos de las ciudades, ejemplos: John F. Kennedy, De Gaulle, Heathrow, o en islas fuera de la ciudad como en Tokio, Seúl, Hong Kong y en ambos casos es para que los aviones no pasen sobre la ciudad contaminándola de ruido, gases tóxicos y el peligro de accidente. Mientras que el que pretenden está dentro de la zona metropolitana de la Cd. de México.

Ya se le está haciendo agua la boca a los especuladores y a sus operadores del GDF que se están repartiendo el viejo aeropuerto para entregárselo al cartel inmobiliario.

Los activistas y ecologistas proponen que se usen los aeropuertos alternos de Toluca (54 km al Aeropuerto Internacional de México), Cuernavaca (58 km), Querétaro (173 km) y Puebla (77 km), que serían reforzados, inclusive con una red de trenes rápidos que los intercomuniquen, lo que además ayudaría a descentralizar la zona conurbada del Valle de México.