¿Impunidad para antros y restaurantes de Polanco?

Eduardo Farah

En Polanco se contabilizan aproximadamente 15 antros de alto impacto  que cierran los fines de semana entre 6 y hasta 9 de la mañana a estos se suman algunso restaurantes, a pesar de que la ley de establecimientos mercantiles marca que deben cerrar totalmente a las 3 de la mañana, esto incluye que ya no haya clientes dentro del lugar.

 Estos sitios impactan negativamente la zona en la que se establecen: primeramente se crea tráfico que bloquea y paraliza avenidas cuando abren, como ocurre con Masaryk y Campos Elíseos, no sólo con autos de clientes sino con taxis y con carros de alimentos.  Además, la gente que vive en el entorno se ve acosada por el ruido excesivo, los vehículos manejados por los valet a toda velocidad, el robo y el bloqueo de las entradas a sus viviendas, los borrachos gritando en la calle, además de que tiran basura en estos entornos. Por ello, la gente acaba abandonando la zona o tienen que modificar el interior de sus departamentos (cambiando la zona de las habitaciones, por ejemplo).

A lo largo de los años los vecinos han presentado quejas en la delegación y han solicitado a los delegados en turno que pongan orden a estos sitios, pero siempre les dan respuestas como que el antro tiene un amparo, que fue verificado y todo estaba en orden, etc. -la “excepción” fue Gabriela Cuebas quien cerró más de diez antros-, esto solo permite que continúe la ilegalidad, no solo en la hora de cierre, también ocurre con los permisos para operar como antros o con el uso de suelo.  La última jefa delegacional, Xóchitl Gálvez y el actual delegado interino David Rodríguez han hecho caso omiso a las cartas firmadas por los comités en los que se enlistan los antros y se solicita el orden, la aplicación de la ley en cuanto a los horarios y revisión de los antros.

Entonces ¿cómo logran mantenerse abiertos? Debido a tratos con la delegación Miguel Hidalgo (en el caso de los antros de Polanco) y con la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda, pues suelen pagarle a ambas instancias una fuerte dádiva para que les permitan abrir, luego pasan una cuota mensual a la delegación, que como se dice popularmente “de acuerdo al sapo, la predrada”.

Los cexinos han insistido en que se regulen y los trasladen a los centros comerciales, pues estos tienen más espacios para automóviles y están alejados de las zonas habitacionales, como ocurre con Antara, es una zona en la que no afectan a los vecinos y hay más seguridad.

 

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