Plástico: rastro de los humanos en el mundo

El Tereftalato de polietileno, mejor conocido  por sus siglas en inglés como PET (polyethylene  terephthalate) fue creado en el año de 1941 cuando los científicos británicos Whinfield y Dickson lo patentaron como polímero para la fabricación de fibras, dado que su país estaba en plena guerra les urgía buscar sustitutos para el algodón proveniente de Egipto y a partir de 1946 se comenzó a utilizar industrialmente como fibra, su uso textil ha permanecido hasta el presente, no obstante en 1952 se comenzó a usar en forma de película para envasar alimentos, pero su mayor auge en el mercado fue en envases rígidos gracias a sus características de almacenar bebidas poco sensibles al oxígeno tales como el agua mineral y los refrescos carbonatados.

Los plásticos tienen el propósito de solucionar problemas de uso inmediato, pero lamentablemente se han vuelto de un solo uso. Se estima que la vida útil de una bolsa de plástico es de apenas un cuarto de hora, gracias a que a mediados del siglo XX se empezó a producir a gran escala, actualmente tenemos que lidiar con 8.300 millones de toneladas de este material en el mundo, de ellas más de 6.300 millones de toneladas se han convertido en residuos y de esos residuos 5.700 millones de toneladas no han pasado nunca por un contenedor de reciclaje cifra que dejó atónitos a los científicos que la calcularon en el año del 2017. Muchos de los residuos terminan en el océano y en los ríos y al descomponerse se producen los microplásticos.

Las partículas de plástico que miden menos de 5 milímetros según parámetros del (NOAA) para clasificarlos (primarios y secundarios) se les conoce como “microplásticos o microesferas “. Diversos grupos ecologistas han demostrado que los dos tipos de microplásticos permanecen en el medio ambiente en altas concentraciones y particularmente en ecosistemas lacustres y marinos.

 En los últimos diez años estudios hechos por la Royal Society, la Universidad de New York y la Universidad de Minnesota han analizado muestras de agua dulce y marina de los 5 continentes, dando a conocer que existen por lo menos 4 mil millones de fragmentos por cada kilómetro cuadrado de las playas, corales y superficies marinas.

Hoy en día hasta en los lugares más recónditos del planeta se ha manifestado la presencia de este material, y un ejemplo de ello es en aguas profundas del Mediterráneo catalogado como el mayor vertedero de basura, este basurero se encuentra en el fondo del estrecho de Mesina en Italia, que separa la isla de Sicilia de la región de Calabria, otro ejemplo es el Gran Parche de basura del Pacífico que alcanza 79 mil toneladas de plástico flotando en 1.6 millones de kilómetros cuadrados según datos del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICML), y qué decir del “plastiglomerado” (conglomerado de plástico) hallado en la isla de Kamilo Point en Hawái, el cual es una roca que se forma cuando los detritos plásticos se funden quizás con alguna fogata con arena, rocas, conchas y coral, los geólogos temen que será un marcador imperecedero de la huella ecológica que dejaremos sobre la tierra.    

La biodegradación del plástico abandonado en la naturaleza se da con la luz ultravioleta del sol que provee la energía de activación requerida para iniciar la incorporación de oxígeno en sus moléculas volviéndolo frágil y fragmentándose en trozos cada vez más pequeños hasta que las cadenas poliméricas alcanzan un peso molecular suficientemente bajo para que puedan ser metabolizadas por microorganismos.

    Es muy cierto que los plásticos en sus múltiples funciones nos han facilitado la vida, pero constituyen una gran parte de los residuos que hoy ahogan los océanos.

Fuentes:

1 Microplasticsphys.org

2 Crawford, Russel, Hayden K, Arnott, Jaimys, Ivanova, Elena P. “Plastic degradetion and it´s environmental implications with special reference”